Home > Feministas Podemitas > Coral Herrera: Por qué estoy en Podemos
10712811_10152911581049114_1804764365750505689_n
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Me pregunta un compañero que qué hago en Podemos. Me lo preguntan más compañeros y compañeras, y algunas no entienden. Yo, que me dedico a destrozar mitos colectivos como el del amor romántico, la feminidad, la masculinidad, la heterosexualidad, la monogamia, la democracia, el capitalismo, el patriarcado.

Yo, que siempre he criticado los espejismos colectivos fabricados por los medios de comunicación para meternos miedo, ilusionarnos, o distraernos de las cosas importantes. Yo, que analizo cómo construimos la realidad con potentes mecanismos narrativos envueltos en la magia del espectáculo: el espíritu de la Navidad, la visita del Papa, el espíritu del Mundial de fútbol, la crisis de la gripe aviar, la del ébola, una boda real…. ahora tenemos también el mundillo de Podemos, arrasando en las portadas de los periódicos y en los sondeos electorales.

Pues sí, yo escribo, y me dedico a analizar desde una perspectiva crítica estos espejismos, pero caí en el de Podemos. Nunca he podido militar en ningún sindicato, partido político o colectivo social porque no me gustan las banderas, soy indisciplinada y pasional, y siempre he ido de un lado a otro trabajando en diversas causas sociales y políticas. Sin casarme con nadie,libre como el viento, colaborando con la gente y los colectivos que me admiran,pero sin desear formar parte de ellos. Con quien más me ha gustado trabajar y con quien siempre me sentí muy a gusto fue con la gente de CNT.

No me gusta votar y no me gusta la democracia que heredamos. El día que me fui en busca de trabajo al extranjero, me fui harta de manifestaciones y de salarios precarios.Atravesé la puerta de embarque con mi título de doctora en la maleta con algo de miedo, y sintiéndome dolida con mi generación porque no me permitió vivir ningún proceso revolucionario. También me sentía culpable por irme a buscarme la vida yo sola, en lugar de quedarme a luchar. Pensaba en la plaza de Tahir mientras sacaba mi pasaporte.

Tres meses después llegó el 15M, y lloré de alegría y de rabia por no poder estar ahí tomando las calles y las plazas. Caí en la magia de la Indignación y pasé muchas horas viviendo en streaming la primavera española. No me podía creer que la gente se hubiera unido por una causa común, que mi gente se hubiera despertado así. Leí de todo: críticas a favor y en contra, pregunté a todo el mundo si lo que yo estaba viendo en Internet era verdad, estaba como loca por saber quién o qué había detrás… pero sin poder evitarlo me enamoré del 15M por su habilidad para despertar la solidaridad grupal, más allá de las banderas de cada cual. Por su capacidad para aprender a pensar en colectivo y funcionar asambleariamente, por la sensatez de sus propuestas, por su diversidad, por el lenguaje inclusivo que utilizan, por el uso de las nuevas tecnologías que nos permitieron participar a todxs, incluso a lxs que estábamos fuera.

Cuando volví a casa por Navidad, participé en el programa La Tuerka y en las cañas de después me enamoré de Tania Sánchez Melero y de su compañero, Pablo Iglesias. En uno de los subidones de la fiestecilla le dije a Tania que yo la votaría con toda mi alma si fuese la candidata a la Presidencia en España con IU,aunque yo me sentía anarquista de corazón. También le dije a Pablo lo mismo, “yo te votaría a ti también, nos toca a nosotras ahora, somos gente potente y preparada”. Pasamos un rato muy gracioso imaginando que echábamos a la casta y nos inventábamos un nuevo tipo de democracia, participativa, ecologista,feminista, pacifista y no sé cuantas cosas más. Fue como una noche de tantas, noches de gente estupenda, tapas y cervezas, y la construcción utópica de un mundo nuevo en la que puede participar todo el mundo diciendo las barbaridades que quiera, sin límites para la imaginación o el delirio. Todos hemos vividos esos momentos de subidón colectivo planeando un mundo mejor… lo que no me imaginaba es que Pablo y su equipazo iban a fundar  Podemos y que se sumaría tanta gente a la propuesta.

En la resaca del día siguiente, pensé: qué pareja tan fantástica y qué rico lo pasamos anoche, pero no se puede. No importa mucho a quién se vote si cualquier presidente va a estar sujeto al poder de los mercados, que son los que realmente mandan. Cualquier partido que alcance el poder tendrá que vérselas con el neoliberalismo atroz, cualquier intento de acabar con la especulación financiera o la evasión fiscal será vano porque la casta tiene un poder descomunal. Gobierne quien gobierne, pensé, nada cambiará mientras utilicemos las estructuras democráticas que permiten la impunidad de los corruptos que nos roban, y no permiten la participación ciudadana ni la autogestión de los recursos. Pudieron en la Cataluña de 1936, pero nosotros, ahora, no podemos.

Meses después, la alucinación que me provoca ver la que han montado Iglesias y compañía a través de mi pantalla, me ha cautivado del todo. Sigo pensando que la democracia es un mito colectivo, y que Podemos es un espejismo colectivo dentro de ese mito, lleno de gente que piensa que sí se puede. Y sabiéndolo, creo que tengo derecho por una vez en la vida a vivir este espejismo, y a luchar por convertirlo en una realidad. Así que estar en Podemos es un lujo que me doy a mí misma, una concesión, una experiencia de amor colectivo.

Tengo mis resistencias a creérmelo del todo, sobre todo cuando me pongo en modo “realista pesimista”. Apoyo el decrecimiento y no me gusta el modelo que proponen los economistas de Podemos. Hay muchas otras cosas con las que no estoy de acuerdo, como por ejemplo las resistencias de algunos machistas de izquierdas con el tema del feminismo. Por eso me apunté a Podemos Feminismos,para apoyar a las compañeras que están trabajando tanto por incluir los derechos de las mujeres en la agenda de Podemos. Aprendo mucho con ellas, y también participando en los foros: disfruto mucho con las divergencias, las disidencias, las posturas enfrentadas dentro de Podemos, porque en lugar de hacer la guerra lo que hacemos es dialogar, exponer, criticar, y todo sin dramas.

Supongo que también caí bajo el influjo de la magia “Podemos” porque es la primera vez en mi vida que en lugar de pedirme el voto, me preguntan mi opinión sobre muchos temas, y puedo lanzar los míos propios. Me siento privilegiada por poder asistir a los debates en la Plaza Podemos aunque esté a nueve mil kilómetros, porque tengo computadora y wifi, y ganas de aportar.

En este romance mitificado en la distancia, confieso que me aterra pensar que Podemos me traicione algún día y me desenamore totalmente. Me da escalofríos imaginar que las personas que ostenten cargos nos roben como nos están robando los concejales, alcaldes, presidentes, directores, diputados,tesoreros del PP. Me da miedo que cuando llegue al poder, su discurso no tenga nada que ver con su forma de gobernar, como ocurre con el resto de los partidos políticos.

Ahora utilizamos el asamblearismo y está todo muy abierto, pero si Podemos gana, tendrá que entrar en las estructuras jerárquicas de poder. Pienso que elegiremos a los mejores, a las mejores, pero a mí más que “conformarme” con eso lo que me gustaría es construir nuevas estructuras de organización política y económica que nos permitan tomar decisiones a todos y a todas. O sea, la transformación profunda del país entero. Y esto, no se puede. No podremos, me digo, porque hace falta un cambio radical en las estructuras mentales y emocionales, en la cultura y la educación, en las costumbres y los hábitos de todo el país, no es sólo una cuestión de cambiar las leyes.

Entonces si pienso que no se puede, ¿qué hago en Podemos? Una de las respuestas es que me ilusiona su capacidad para unir a la gente: en general la izquierda casi nunca gana elecciones porque es más diversa, compleja  heterogénea que la derecha. Los de derechas siempre ganan porque están muy de acuerdo en las cosas más básicas. Los de izquierdas siempre han estado divididos, enfrentados, y apenas han podido unirse para trabajar por objetivos comunes. Ahora siento que por fin tenemos un espacio para ponernos de acuerdo,para discutir, y para disentir, y eso es un gran avance.

Estoy en Podemos también porque me “conformo” pensando en lo que sí se puede hacer, con lo que me traiciono un poco a mí misma, que siempre he deseado cambios profundos en las estructuras, o mejor, la posibilidad de inventar otras estructuras. Deseaba  mientras pensaba en la imposibilidad de hacerlo. Imposibilidad y conformismo son palabras terribles, pero prefiero “conformarme” con la posibilidad de trabajar para establecer una Renta Básica, la eliminación de los privilegios fiscales a la Iglesia, la reducción de jornada laboral a 35 horas y la jubilación a partir de los 60, los permisos de paternidad, la prohibición de los despidos en empresas con beneficios, la auditoría ciudadana de la deuda, la reformulación de los sistemas penitenciarios, la recuperación del control público en los sectores estratégicos de la economía, un nuevo modelo fiscal con una política tributaria justa, la implantación de la tasa Tobin, la defensa de la diversidad sexual y la igualdad, el trabajo por un modelo de desarrollo sostenible, la laicidad del Estado, las medidas contra la corrupción, la defensa de la sanidad y la educación pública, gratuita y de calidad… estas son algunas de las medidas del programa y las propuestas de los círculos de Podemos con lasque me “conformo” porque pienso que así, como hasta ahora, no podemos seguir.

Hace poco estábamos todos leyendo lo que hacían y deshacían otros en la prensa sin poder hacer nada más que salir a protestar a la calle, quejarnos en la sección de comentarios de las noticias, o quejarnos en los bares. Y ahora hemos irrumpido en el escenario como protagonistas, lo que coloca a la ciudadanía en otra posición: antes éramos solo una fuente de votos, y ahora una fuente de propuestas para mejorar la realidad en la que vivimos. Aprendimos a proponer en el movimiento Indignado, que antes estaba solo en las calles, y ahora está ocupando escaños en el Parlamento Europeo. Aprendimos también otras formas de lucha: el 15M evidenció el fracaso de los sindicatos, de los partidos tradicionales, de los movimientos corporativistas que salían a la calle a defender lo suyo en manifestaciones que sólo servían para cortar el tráfico.

Aprendimos a llenar el espacio público y a tomar las plazas, a ser solidarios y solidarias, y a trabajar por el bien común, y eso permitió el nacimiento de Podemos, con sus mitos, con sus héroes y heroínas, con sus ideales, y esta trama narrativa llena de noticias,estadísticas, debates, asambleas, resoluciones, propuestas y contrapropuestas.

La gente de Podemos somos una panda de ilusos e ilusas, pero lo sorprendente es que somos muchos, y crecemos en número todos los días, lo que te hace sentir acompañada en esta apuesta que da miedo. El mismo miedo que enamorarse ciegamente de alguien que no sabes si es buena persona porque solo la has escuchado hablar, no la has visto actuar y es tan compleja que sientes que no la conoces bien. Y a pesar de todo, te ilusionas y te enamoras, convenciéndote de que tienes derecho a vivirlo, a ilusionarte, a decepcionarte, a apostar por ello aunque te equivoques.

Si, esta idea de que “sí se puede” y estas narraciones mágicas de la Historia del tiempo presente han podido conmigo: lo confieso. Puede que en un tiempo me diga a mí misma: ¿ves como al final “no se puede”?, y me duela tanto como un desengaño amoroso o una ruptura sentimental. Pienso que ya tendré tiempo de recriminarme la ingenuidad o la estupidez, y de reconstruir mi corazón hecho pedazos. Pienso que puede ser también una aventura maravillosa,por eso estoy dispuesta a sufrir y a disfrutar del espejismo colectivo con todas sus consecuencias.

Siempre es más emocionante vivir la vida como narradora o actriz de las historias, que como espectadora. Por eso quiero intentarlo con la gente. Aunque no salga, aunque salga mal, aunque salga diferente a como lo soñamos.Intentarlo, al menos.

Estas son las razones por las que estoy en Podemos.

Coral  Herrera Gómez

(19 Octubre 2014)

10384687_10152774551859114_7719733283148790302_n

  • Carlos Arias

    Hola Coral, gracias por tus palabras. La verdad que estoy bastante decepcionado con cómo ha evolucionado el diseño del programa y se ha casi ignorado al círculo de renta básica. ¿Qué percepción tienes con el círculo de feminismos? Quiero creer, pero desde el inicio todo me ha parecido poco democrático para las posibilidades y herramientas que tenemos (y conocen). Besos y abrazos